
En el libro “El Señor de los Mercados”, una historia de “Ámbito Financiero, la City y el poder económico de Martínez de Hoz a Cavallo” Fernando Ruiz reconstruye el inicio del diario Ambito Financiero, quiénes fueron los fundadores y cómo fue evolucionando.
Ruiz asegura que “el espectacular surgimiento de Ámbito Financiero se explica por ser una tabla de surf que se posó sobre tres corrientes feroces que latían en las profundidades de la economía de la época: una revolución en la cultura económica, una revolución intelectual mundial y una revolución periodística. Quien tuvo la pericia de aprovechar esas fuerzas profundas fue un obstinado periodista, sin ninguna fortuna, por quien pocos habrían apostado algo”.
Mientras todos esos cambios se produjeron en la realidad social, Ruiz señala que “Julio Alfredo Ramos Varela observó el inicio de estas revoluciones desde un excelente mirador: la floreciente sección económica de La Opinión, el principal diario interpretativo de Buenos Aires, que dirigía su admirado Jacobo Timerman. La Opinión fue la incubadora de Ámbito Financiero. Allí Ramos formó parte del equipo que inició un suplemento económico, que apareció la semana siguiente al golpe militar de marzo de 1976. Con su columna ‘Papiro’, seudónimo creado por Timerman, Ramos fue calibrando su certeza de que la información financiera ofrecida desde los diarios nacionales era insuficiente, y que en general la cobertura económica no había alcanzado la misma jerarquía de la que gozaban la política, la sección internacional o la cultural. Se estaba por concretar, como dijo él, una feliz ‘conjunción de oportunidad y oficio’.”
A continuación se reproducen algunos tramos del primer capítulo, en donde se cuentan los inicios, tanto de Ramos como de su creación: Ámbito Financiero.
Ramos tenía cuarenta y un años y empezaba a darle forma a su sueño. Lo conversó con algunas de sus fuentes informativas habituales y potenciales anunciantes. Consultó a Enrique Folcini, que era director del Banco Central; al presidente de la Cámara de Compañías Financieras, Isidro Valls, que aportó un grupo de técnicos para pensar los primeros cuadros novedosos de información financiera, y quien además pagó el primer aviso que el diario tuvo, el de su Financiera Central; al ascendente Julio Macchi, quien había sido periodista económico y se convertiría en un activo compañero de ruta del diario; a Gismondi, agente de Bolsa; a Alfredo Peralta, del Banco Español, quien se entusiasmó con la idea; a directivos de otros bancos como el Boston, el Galicia y el Latinoamericano; y también a representantes del sector Ahorro y Créditos. Un directivo del Banco Deutsche, Raúl Stocker, que leía habitualmente el diario La Opinión y llamaba para corregir los datos erróneos, fue también consultado y luego se convirtió durante dos décadas en un riguroso columnista del diario en temas cambiarios y monetarios. Su función era escribir para el diario un muy denso informe, repleto de especificaciones técnicas, comparando circulares del Banco Central. Ese texto era llamado “el stocker” en la jerga de la redacción.
Los periodistas que confluyeron en la creación del diario fueron seis. Todos eran periodistas económicos y trabajaban en diarios clave de Buenos Aires. Ramos, que estaba en La Opinión, entusiasmó a su jefe Daniel Muchnik, pero éste, tiempo después, se fue a Clarín como jefe del área económica. Juan Carlos Voievdca era periodista económico de La Prensa. Osvaldo Granados era periodista económico de Clarín. Rodolfo René Arias cubría el agro para el mismo matutino. Carlos Balaña había trabajado con Ramos en la sección económica de Mayoría; se desempeñaba como redactor en El Cronista Comercial, y era del grupo quien más conocía de taller y diagramación. Y, por último, Leopoldo Melo Posse era el analista bursátil de La Prensa. Un dirigente bursátil le dijo al diario que “tenía el monopolio de los mejores periodistas de plaza”. “Tenían aire de constelación de estrellas”, recordó Ramos.
En esas conversaciones previas se fueron delineando los contornos del producto.
• Al hablar con los financistas y banqueros se percibió que ellos no querían que los insertaran en una tabla de posiciones. Cada entidad debía aparecer por separado con su ofrecimiento de interés para los ahorristas. Fue por eso que en Ámbito cada entidad presentó por separado la tasa de interés que ofrecía al inversor. Cada inversor debía confeccionar la tabla por su cuenta. El presidente de un banco nacional consideró que eso era tratar “con dignidad” a las instituciones pues no se armaban “listados que parecen tablas de posiciones para clubes de fútbol”.
• No era bueno que alguna entidad financiara la publicación pues produciría desconfianza en las demás. Por eso se buscaron apoyos económicos que no provenían del sector. Los empresarios que aportaron capital u oficinas fueron, entre otros, Erwin Voss, del comercio oftalmológico, a quien Ramos asesoraba en inversiones desde hacía varios años; Daniel Muchnik acercó a Noe Davidovich, del sector maderero, quien en un principio pareció que iba a financiar todo el proyecto y luego terminó aportando las oficinas, y Néstor del Blanco, del sector de bienes raíces, y su suegro, el comerciante Eduardo Thomas.
La revolución del periodismo económico
Un domingo de 1976, el suplemento económico de La Opinión publicó en su nota principal las tasas de interés para depósitos a plazo fijo que ofrecían una veintena de entidades. Al día siguiente, decenas de lectores pedían al diario más información. Era una señal de oportunidad. Timerman decía que al empresario no había que tratarlo como si fuera de una raza distinta, para el que se escribía con estilo formal y se entrevistaba con extrema cautela. Ramos escribió que “Timerman inventó algo tan insólito como hacer que los propios empresarios escribieran sus notas, o sea no que el periodista les hiciera siempre los mismos reportajes halagadores, y teniendo como destinatario final siempre al público”. El diario que crearía Ramos marcó el fin de una situación en la que el empresario se solía encontrar con un periodista que lo protegía en exceso y que además no entendía bien de qué estaba hablando. Ámbito trasladó a la economía las reglas que La Opinión había utilizado con los políticos: fuerte conocimiento sobre el tema e inexistencia de complejo de inferioridad de los periodistas frente a sus fuentes. Pero Timerman no conoció ese Ámbito. Fue detenido en abril de 1977, cuando Ámbito tenía cuatro meses “y Jacobo en ese entonces ni lo había oído nombrar”.
En el mundo la crisis del petróleo aumentaba la sed de información sobre la economía y eso generó una revolución en el campo periodístico: el crecimiento de la información económica. La vida económica de los ciudadanos perdía seguridad y les exigía un mayor activismo para maximizar sus decisiones y defenderse mejor. Esto tuvo un inmediato correlato en un fenomenal desarrollo de la prensa económica, que hasta entonces tenía un espacio secundario en el campo de los medios.
En la Argentina, los cambios eran muy lentos. Ramos aprovechó “la miopía informativa alarmante de la prensa tradicional”. “En el orden económico, por ejemplo, nadie salía a interpretar los mercados, a observar los movimientos del público, a entrevistar expertos. Casi toda la información económica era la sectorial que venía por comunicados de las cámaras privadas o la oficial que venía por planillas ministeriales”, explicó Ramos. Clarín se obsesionaba con los datos sobre producción de bienes, pero postergaba la información sobre mercados.
“(Los diarios nacionales) tardaron cuatro años en darse cuenta de que ese tipo de información interesaba a miles de lectores. Y a los más importantes lectores… Era tarde. En 1981, Ámbito Financiero ya estaba consolidado”, sostuvo Ramos.
Ámbito no era un diario económico, sino financiero. Su primera autodefinición fue “el diario de la zona bancaria”, y al principio ni siquiera quería ser un diario sino un boletín de tasas y otras informaciones financieras. Nació sin la pretensión de convertirse en un diario de alcance nacional que abarcara toda la actividad económica y la política. Pero a los tres meses ya se percibió que la demanda exigía ampliar el lugar de circulación.
Era un diario por el que no pasaban las empresas, ni las industrias, ni los comercios, ni los trabajadores, ni las familias. Solamente las finanzas, los créditos, las deudas, las tasas de interés, y los indicadores macroeconómicos. En el aniversario de las primeras cien ediciones, Ámbito se definió como un diario de “un carácter sectorial financiero”. Fue todo un símbolo de esos veinticinco años que éste haya sido el indiscutible referente informativo de la economía argentina.
Los matices del liberalismo de Ámbito
Si bien Ámbito había bendecido la reforma liberal de la economía emprendida por Martínez de Hoz, no fue su puro reflejo. El diario no desligaba la salud del sistema financiero del ritmo de la actividad económica. Ámbito tenía algún latido productivista, una cierta pulsión por la demanda, y parecía estar más cerca del más keynesiano Paul Samuelson, a quien Ramos había estudiado en la universidad, que del liberal monetarista Milton Friedman, cuyo influjo fue posterior. Ramos venía del estructuralismo y abrazó al liberalismo, pero nunca fue un ideólogo abstracto despreocupado de la economía real.
Ámbito mantuvo una buena relación con Martínez de Hoz y su equipo, pero le hizo críticas desde sus primeras semanas. Se cuestionó, por ejemplo, la poca comunicación pública del Banco Central. Adolfo Diz, presidente de la entidad, no solía recibir a periodistas de Ámbito. El diario cuestionó las estrategias “tecnicistas” del ministro Martínez de Hoz que atacaban la inflación “por sus manifestaciones técnicas o numéricas” y no parecían generar ningún incentivo desde el lado de la demanda.
Durante 1977 y 1978 sostuvo que para lograr un verdadero despegue era necesaria la reactivación. El diario mantenía una mayor relación ––como era lógico–– con el sector financiero de los negocios, y no tanto con el productivo. En un diálogo, “un presidente de importante compañía financiera” pide “no centrar todo en los aspectos monetarios” y promover cierta reactivación, pues tiene exceso de dinero y no tiene quién se lo pida.
Cuando al diario se lo acusó de oficialista, Ramos contestó:
Yo le diría que muchos nos han criticado por lo contrario. Siempre, por ejemplo, hemos dado cabida a Frigerio o a Alsogaray, que son críticos acérrimos de Martínez de Hoz. Eso sí, cuando creemos que algo del equipo económico merece un juicio favorable, lo damos.
Ni entonces ni nunca el diario fue oficialista. No hubo para ningún ministro una tapa que le ofreciera una sonrisa todos los días.
Censura y periodismo económico
El diario no tuvo ningún problema con los militares. No fue considerado relevante por los gobernantes que tenían a cargo las palancas represivas. A pesar de ser la dictadura más severa que vivió el país en el siglo xx, el periodismo económico tuvo una libertad que el periodismo político ni soñaba tener. Mientras los políticos tenían prohibida su actividad, los empresarios eran ciudadanos casi plenos. Su libertad de manifestar sus preferencias públicas fue apenas inhibida. De algún modo, los empresarios eran el demos que era consultado con frecuencia por el gobierno para orientarse en el campo de la política económica. prensa especializada, se pudieran criticar aspectos de la política económica del gobierno.
Durante el transcurso de 1977 comenzaron a dispararse críticas cada vez más fuertes.
Los militares no respondieron haciendo desaparecer a sus interlocutores críticos. Esa política estuvo reservada, en el campo económico, a los sindicalistas.
Ámbito fue un espacio desde el cual opinaban políticos con formación económica, y economistas críticos de Martínez de Hoz, relacionados públicamente con partidos políticos. Ya el suplemento del segundo aniversario del diario, publicado en diciembre de 1978, contiene voces críticas al programa económico. Y en el suplemento del tercer aniversario del diario, editado el 9 de diciembre de 1979, los tres primeros artículos fueron del economista peronista Roberto Lavagna, del desarrollista Rogelio Frigerio y de Aldo Ferrer, tres voces críticas respecto de Martínez de Hoz con activas relaciones político-partidarias.
UN HOMBRE COMÚN
La historia profesional del hombre que había insertado su idea en el cruce de estas transformaciones no era una espiral de éxitos.Para los colegas fue una sorpresa que Julio Ramos llegara a cambiar el periodismo como lo hizo.
Ramos vivía entonces en Castelar, provincia de Buenos Aires. Luego de estudiar en la Escuela Superior de Periodismo, sus primeros trabajos periodísticos datan de los últimos años del primer peronismo en Noticias Gráficas y la revista Leoplán, antes de cumplir los dieciocho años. El despegue de su carrera periodística se da con su entrada a Clarín en agosto de 1958, donde permaneció hasta abril de 1965. Comenzó como asistente del secretario de redacción Moisés Jacoby. Clarín se había ido transformando desde su creación en 1945 en un diario con un programa económico, y era posiblemente por eso que su periodismo económico superaba al resto. La Nación y La Prensa tenían también ideas bastante concretas para la economía pero su identificación con el ideario de la libertad de mercados no parecía motivarlos a profundizar su periodismo sobre la economía real ––con la excepción del sector agropecuario–– y su principal tarea consistía en la publicación de artículos doctrinarios sobre un modelo económico ideal.
Ramos escribió una carta al director de Clarín: “Yo creo, sin duda, que el periodista debe ser independiente de cualquier emulumento (sic) que no sea el proveniente del diario donde trabaja… pero pienso si se puede ser independiente con un sueldo de 17.000$”.
Había seguramente muchos periodistas del diario que recibían sueldo de sus fuentes informativas, pero por algún motivo con Ramos no hubo tolerancia y fue despedido. Comenzó a trabajar en horario nocturno en la agencia estadounidense United Press, y durante el día estudiaba la carrera de economía en la Universidad de Buenos Aires, bajo la hegemonía keynesiana.
Al recibirse, Ramos abandonó el periodismo y comenzó a redactar memorias e informes económicos para la empresa francesa Renault. En 1974 ingresó al diario peronista Mayoría. Cuando este medio se cerró pocas horas después del fin de la experiencia democrática, en marzo de 1976, Ramos ya no estaba allí. En enero de ese año, había ingresado en el mítico diario La Opinión, dirigido por Jacobo Timerman, el medio más pujante de esa década, que con su reconocida sensibilidad profesional estaba fortaleciendo su cobertura económica.
En esa redacción, el periodismo económico había sido jerarquizado desde su fundación, en 1971. Jorge Riaboi, que había tenido una fulgurante carrera en El Cronista Comercial, fue su primer encargado. Cuando Ramos ingresó, el jefe de Economía era Daniel Muchnik.
“¿Qué costo tuvo el haber podido apreciar desde el suplemento económico dominical del diario La Opinión, porque las circunstancias se dieron así, las necesidades de los lectores de esa época (1975-1976) durante más de un año?”, dijo Ramos en 1986.
El editor aprovechó a fondo esa experiencia.
El ejemplo de Timerman
El nombre original para Ámbito era Mundo Financiero, pero no se pudo usar por la continuidad de la marca del cerrado diario El Mundo. El capital de arranque, según el propio Ramos, no fue mayor a veinte mil dólares.
Es posible que Ámbito haya sido a la información económica lo que el diario La Opinión fue a la información política. Su principal innovación fue incorporar el periodismo interpretativo a gran escala a la economía, como lo había hecho Jacobo Timerman en el campo político.
En los primeros meses, Julio Ramos fue cauteloso y la información de tasas fue siempre la prioridad frente a las notas de análisis y opinión. El carácter del periódico lo acercaba a un boletín, pero a medida que el diario maduraba, crecían su éxito y su fortaleza, creció también su fuerza interpretativa, en especial, la de su portada. Del diario de Timerman, Ámbito también tomó la rápida comunicación entre el director y la redacción, un franco estilo de diálogo con los lectores, una enorme plasticidad para adaptar los materiales periodísticos, la inexistencia del género editorial entendido como una columna diaria que se diferencia del resto de los artículos sino que está presente en todo el contenido.
Ramos comparaba su diario con La Opinión, con el francés Le Monde, y luego, a partir de 1987, con Página/12. Ramos pensaba como Timerman. Si uno tenía todo el diario para opinar, ¿por qué iba a usar sólo un pequeño espacio?
• Antes del primer mes, fuentes importantes aparecían mencionando al diario.
Martes 87.500
Miércoles 82.500
Jueves 82.500
Viernes 87.500
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