El lugar de la agenda en la actividad periodística diaria (I)
Hechos, contactos y protagonistas
Por Fabián Kovacic
Hexágono 06
“¿De dónde obtienen información los periodistas? ¡De los diarios, hombre! ¿De donde si no?”. La pregunta y la respuesta pertenecen a Gregorio Selser y solía repetirlas a sus alumnos de la Universidad Nacional Autónoma de México cada vez que debía abordar el delicado tema de la agenda en periodismo allá por la década de 1970. Lo decía Selser, quizá uno de los primeros periodistas de investigación argentinos de proyección latinoamericana, y sus palabras tenían una carga fulminante de sentido común para estallar en el corazón de uno de los problemas más delicados de la labor periodística.
Para un periodista de redacción diaria, la agenda tiene un doble sentido: organiza el día de trabajo y propone los contactos que van a permitirle llevar adelante su tarea. En ese sentido el trabajo del periodista no tiene parangón con el de cualquier otro asalariado: el tornero, tiene sus herramientas en el taller o la fábrica que lo contrató; el taxista peón cuenta con el automóvil de su contratante como herramienta; el panadero elabora el pan en el horno de la panadería dónde trabaja y utiliza como materia prima la harina, el agua y la sal proporcionados por su empleador. El periodista advierte la noticia y de inmediato utiliza su agenda de contactos para saber más, profundizar en el tema y elaborar la historia para su divulgación. ¿El diario para el que trabaja o la revista para la que escribe le dan una agenda para investigar? No. El periodista y sus contactos personales siempre logrados a partir del dato que para otros puede ser insignificante. Siempre es bueno tener contactos en los más insólitos espacios dónde puede producirse una noticia. ¿Pero que se entiende por noticia? Sin entrar en definiciones académicas conviene por lo menos arriesgar que se trata de hechos en los que está o puede estar involucrada la sociedad.
En todas las secciones de un diario existen las fuentes oficiales y las alternativas. En Política, existen los funcionarios del gobierno y la oposición, para temas electorales. Pero ¿que pasa cuando Política incluye temas sensibles a la opinión pública y está involucrado el sistema político global? El aumento en la dieta de los legisladores, por ejemplo, es un caso dónde por fuente oficial podría entenderse a oficialistas y opositores. ¿Qué sentido tendría en ese caso una agenda de contactos entre unos y otros? O pongamos el caso de las secciones Deportiva o Espectáculos del diario. ¿El pase de un jugador de fútbol o el estreno de una película en el cine? ¿Cuál es la fuente para decir que sobre ese hecho? Hablar con el jugador involucrado en el pase, su representante o el presidente del club, apenas nos garantiza la gacetilla de prensa para conocer las condiciones en las que la operación se realizó, según esas mismas fuentes. Copiar la gacetilla de prensa de la distribuidora local del filme nos garantiza tener las seis preguntas básicas para transmitir a nuestros lectores. Pero en ese caso ¿estamos informando o transmitiendo algo que nuestra fuente quiere divulgar?
La importancia de la agenda de contactos es evidente a la hora de ejercer un periodismo veraz, sin ataduras y desligado de fuentes interesadas que lo conviertan en un apéndice de sus necesidades comerciales. ¿Qua habría sido de Operación Masacre si su autor, Rodolfo Walsh se hubiera informado apenas con las fuentes oficiales del gobierno militar de 1956 o la policía bonaerense? “Hay un fusilado que vive”, fue la frase susurrada en la oscura mesa de un bar en La Plata la que permitió la primera investigación seria para desnudar a un régimen arbitrario. Más Walsh: ¿Quién se hubiera preocupado en convertir en noticia el leprosario de la Isla Cerrito, en el chaco argentino y ver el país más allá de la Capital?
El sentido de la agenda periodística adquiere entonces una doble dimensión para el periodista: quien habla y sobre que tema. Eduardo Galeano, el periodista y escritor uruguayo, suele repetir que los aspectos centrales de la vida política de un país no están en la sección Política de los diarios sino en Sociedad. “Entendemos que hace el poder cuando vemos como son tratados los pobres y los ricos en las páginas de sociedad de un diario”, argumenta. Tener acceso a los pasillos del poder, los números telefónicos de quienes deciden sobre la vida de otras personas, o quienes influyen en el modelado de la vida social, no garantiza tener una vista completa de todas la aristas de la noticia. A esta altura queda claro que por agenda no debe entenderse exclusivamente una libreta telefónica ordenada alfabéticamente desde la A hasta la Z. Agenda es también el rastreo de hechos vinculados al que se impone desarrollar en la próxima edición del diario, dar con los protagonistas secundarios de la noticia y por supuesto con la fuente oficial.
Retomemos la sentencia de Gregorio Selser: los periodistas obtienen información de los diarios. Para un redactor, el diario equivale al “estado del arte” de las diferentes noticias pobladoras de los medios. De hecho suele ser común ver como diarios, radios, informativos de televisión y páginas web dan categoría de noticias a hechos y protagonistas similares. El espionaje y la tensión por la primicia revelan como se va configurando la agenda de “lo que hay que saber”, según la máxima marketinera de los noticieros televisivos. Y en general, esas noticias cuentan con las mismas fuentes para desarrollarse. Así, la agenda termina involucrando en un mismo sentido, a los hechos y los sujetos habilitados para testimoniar sobre ellos. Ahí radica el riesgo de confundir las varias acepciones del concepto de agenda periodística, porque el primer perjudicado será siempre el ciudadano.
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