Desde el fin del periodismo a la negación de algunas realidades
Por Grisel El Jaber
Hexágono 06
Hexágono 06
Buenos Aires
Gustavo Sierra encendió fuegos artificiales e intentó proveer el título de la nota periodística que lo tenía a él como protagonista: “Vine a traerles una mala y una buena noticia sobre el periodismo. La mala es que hoy el periodismo no existe más, por lo menos como yo lo he vivido hasta hoy”.
Pero algunas veces, la fórmula incorporada en tantos años de trabajar en el diario Clarín no prendé y el artificio termina desviándose, cayendo en picada: lo que intentó ser una charla a los alumnos de la maestría en periodismo de la UBA, que prometía augurios futuristas y prometedores sobre el periodismo, terminó siendo un diálogo lleno de consejos y pintorescas anécdotas sobre coberturas de guerra en Medio Oriente.
Desde el fin del periodismo y otras fatalidades, pasando por el avance imparable de la tecnología en la práctica periodística hasta una configuración de un periodista multimedia que avanza sobre otras profesiones, liquidando en el camino baluartes del periodismo profesional como los reporteros gráficos, Sierra no pudo dejar de lado en la charla una visión del periodismo por momentos apocalíptica y por otros, romántica y triunfalista.
En ese abanico de infinitas posibilidades del ejercicio de la profesión, rescatar su pasión por ella, su situación de privilegio y unicidad y las miles de postales que ha recopilado en estos años lo convierte en un objeto de culto para muchos de los profesionales que recién inician en la carrera periodística.
Sierra fue uno de los tres periodistas latinoamericanos que cubrió la guerra de Irak y que lo puso de lleno en el plano internacional y que en su propio país lo convirtió en un jugador diferente. Sin embargo, algunos de sus dichos lo traicionan: “En Latinoamérica no hay periodistas que cubran guerras”, dijo ante unas decenas de estudiantes de esa región. Pero si no hay periodistas que cubran guerras, ¿qué será de la vida de aquellos que pierden su vida por informar sobre la guerra de guerrillas?, ¿y qué sobre Estados que solucionan los reclamos sociales con las fuerzas policiales y militares?
Algunos compañeros, principalmente los colombianos, cuyo pueblo sufre una guerra interminable y cotidiana, podrían decir mucho de la guerra, sin necesidad de viajar a Medio Oriente.
Sierra no puede salir del discurso del medio, es lógico, una empresa gigante y tentacular como es el Grupo Clarín deja poco margen o casi ninguno para sus trabajadores: “El que no trabaja en el Grupo Clarín no existe”, dijo en la conferencia en la UBA, refiriéndose a la gran concentración de medios que no deja espacio para medios y periodistas alternativos. Si bien es cierto, también es una elección, ya que existen otros periodistas, muy pocos por cierto, que resisten, y permítanme aquí mi propia parcialidad porque no me quiero olvidar de Horacio Verbitsky, Claudia Acuña, Sergio Ciancaglini, Diego Rosemberg y muchos otros más que me estoy olvidando.
Pero algunas veces, la fórmula incorporada en tantos años de trabajar en el diario Clarín no prendé y el artificio termina desviándose, cayendo en picada: lo que intentó ser una charla a los alumnos de la maestría en periodismo de la UBA, que prometía augurios futuristas y prometedores sobre el periodismo, terminó siendo un diálogo lleno de consejos y pintorescas anécdotas sobre coberturas de guerra en Medio Oriente.
Desde el fin del periodismo y otras fatalidades, pasando por el avance imparable de la tecnología en la práctica periodística hasta una configuración de un periodista multimedia que avanza sobre otras profesiones, liquidando en el camino baluartes del periodismo profesional como los reporteros gráficos, Sierra no pudo dejar de lado en la charla una visión del periodismo por momentos apocalíptica y por otros, romántica y triunfalista.
En ese abanico de infinitas posibilidades del ejercicio de la profesión, rescatar su pasión por ella, su situación de privilegio y unicidad y las miles de postales que ha recopilado en estos años lo convierte en un objeto de culto para muchos de los profesionales que recién inician en la carrera periodística.
Sierra fue uno de los tres periodistas latinoamericanos que cubrió la guerra de Irak y que lo puso de lleno en el plano internacional y que en su propio país lo convirtió en un jugador diferente. Sin embargo, algunos de sus dichos lo traicionan: “En Latinoamérica no hay periodistas que cubran guerras”, dijo ante unas decenas de estudiantes de esa región. Pero si no hay periodistas que cubran guerras, ¿qué será de la vida de aquellos que pierden su vida por informar sobre la guerra de guerrillas?, ¿y qué sobre Estados que solucionan los reclamos sociales con las fuerzas policiales y militares?
Algunos compañeros, principalmente los colombianos, cuyo pueblo sufre una guerra interminable y cotidiana, podrían decir mucho de la guerra, sin necesidad de viajar a Medio Oriente.
Sierra no puede salir del discurso del medio, es lógico, una empresa gigante y tentacular como es el Grupo Clarín deja poco margen o casi ninguno para sus trabajadores: “El que no trabaja en el Grupo Clarín no existe”, dijo en la conferencia en la UBA, refiriéndose a la gran concentración de medios que no deja espacio para medios y periodistas alternativos. Si bien es cierto, también es una elección, ya que existen otros periodistas, muy pocos por cierto, que resisten, y permítanme aquí mi propia parcialidad porque no me quiero olvidar de Horacio Verbitsky, Claudia Acuña, Sergio Ciancaglini, Diego Rosemberg y muchos otros más que me estoy olvidando.
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