Daniel Dos Santos, editor y redactor


Por Viviana Maldonado
Hexágono06

Daniel Dos Santos conversó con alumnos del Seminario (UBA) a cargo de los periodistas Oscar Bosetti y Daniel Vittar.

En marzo del 2003, cuando se reestructuró el diario Clarín, Daniel Dos Santos pasó de ser el número dos de la antigua sección Información General, a ser el editor jefe de Sociedad. Actualmente, es editor de la revista Viva.

El hombre bordea las seis décadas, es serio, nada en él desmiente lo que podría describirse como perfil bajo, no es un tipo carismático, habla sin altisonancias. Estatura media, escaso cabello entrecano, cutis blanco,bigotes, barba de dos días. Saco oscuro, camisa, jeans. Mirada escrutadora. Nadie diría con sólo verlo que ocupa un lugar tan importante en la vida de miles de argentinos que esperan la revista Viva de Clarín cada domingo.
Claro que el lector no sabe que los contenidos de la revista dominical, llevan ya dos semanas de vida cuando llegan a sus manos. “Es por razones industriales. Se necesita mucho tiempo en el taller. Eso obliga a tomar temas atemporales o de actualidad. Yo recuerdo cosas terribles. Por ejemplo, cuando salió un reportaje a Senna (Ayrton) el piloto de fórmula uno cuando ya estaba muerto.”

Las formas de producción periodística están orientadas a lograr que el lector lea “una revista que le haga pensar que está hecha para él”, ya que no se puede “hacer una revista a la medida del lector”. Se reúnen editores y redactores para analizar temas y opiniones con anticipación. “Cuando yo era redactor –confiesa- pensaba que los editores tenían que pensar las notas. Pero no es así.” Sin embargo, para evitar conflictos, el que propone un tema, en general, es quien lo hace.
Cuando el tema está encargado “hay mucho interés por la fotografía y mucha lucha por la diagramación. Es una negociación.- se resigna- La última palabra la tiene el editor.”
Dos Santos explica que hacer la revista ofrece grandes problemas, debido a que está dirigida tanto al obrero como al que tiene un bagaje cultural alto. También cuenta que las encuestas sirvieron para tomar conciencia de que la gente no entendía. Conclusión: hay que explicar bien y claro, sin aburrir al que está acostumbrado a lecturas complejas.

Dos Santos está casado desde hace 25 años “con la misma mujer” (subraya) y tiene tres hijos: la mayor estudia filosofía, la del medio biología y el menor, de 15, está en el Carlos Pellegrini. Ante la pregunta sobre la inestabilidad horaria del periodista y los desajustes familiares responde que “Ahora ya no hay bohemia, eso de quedarse hasta la madrugada, bebiendo, charlando.” Pero que la “esposa tiene una larga paciencia, se aguanta no poder salir de noche.”

El periodista parece venir desde un hondo cansancio. “Hay muchos celos. Nadie te felicita en este oficio. Se sabe,” dice, “que cuando conocés los códigos, si alguien no te critica es porque le gustó”. Y él, de parquedad entiende. En el oficio de trabajar en los diarios “entra mucho lo subjetivo”, por eso, asegura que el hecho de que se concrete una edición “es una suma de milagros” . “Lo que más me gusta hacer, es escribir pero, cuando estás en los niveles jerárquicos, -reconoce- justamente, dejás de escribir. Corregís lo que hacen otros, ponés títulos, pero dejás de escribir”.

Su revista ideal no existe, porque considera que lo completo es la multiplicidad de miradas y estilos que aporta un equipo periodístico al medio del que se trate. Pero a él, un sociólogo que nunca pudo ejercer porque se recibió en el setenta y dos, “en una mala década”, lo que le gusta es indagar sobre “temas filosóficos, sobre cosas que tienen que ver con el sentido de la vida" ¿Ejemplos? “El aburrimiento, la mentira”. ¿Las notas que prefiere? “Las que están bien escritas”.

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